xeneralidades sobre a fidalguía galega (3), documentos de traballo; proxecto arce

XENERALIDADES SOBRE A FIDALGUIA GALEGA (3)

FIDALGUÍA E COMUNIDADE RURAL

A mediados del siglo XVIII había en Galicia unas 6.500 familias nobles. Muchas de ellas vivían a la continua en “casas grandes” aldeanas, que se diferenciaban de las humildes construcciones campesinas por su fábrica y blasones, pero que no se situaban fuera de la comunidad rural. Sus moradores eran pequeños rentistas, dedicados a la labranza y crianza, a la aparcería de ganado, a los negocios usurarios, a la administración y cobranza de los ingresos de grandes instituciones eclesiásticas, de la nobleza cortesana y de la hacienda real y al desempeño de oficios concejiles. Aunque residiesen en las aldeas, asistiesen a la misa dominical en la parroquia, a ferias y mercados, y se casasen y fuesen enterrados en su feligresía, estos hidalgos por su nivel de vida y porque gozaban de poder en el ámbito local (el que les daban sus recursos económicos, que creaban dependencias; sus relaciones sociales y el desempeño de cargos), se diferenciaban de los pequeños campesinos en que estos a menudo no tenían pan para el año y sólo probaban el compango en días de extraordinario. Sin embargo, en el siglo XVIII los hidalgos más ricos y cultos residían por lo general en ciudades y villas, después del intenso proceso de urbanización que se iniciara en fechas tempranas, a veces ya al filo de 1600, y que se consolidó en el período barroco. A esta nobleza, con o sin título, se debe, según quedó indicado, la promoción de los pazos más destacados, que revelan gustos refinados, alejados del universo cultural campesino. Incluso los altos muros y los impresionantes portalones que los visitantes encontraban antes de entrar en el pazo proclamaban su distanciamiento con respecto a la comunidad rural, que solía manifestarse en el paisaje como un conjunto de pequeñas casas agrupadas, en las que los usos privados y públicos apenas se diferenciaban. Los muros separaban universos culturales distintos; escondían y protegían a la familia –señores y domésticos.

El carácter urbano del sector más rico e influyente de la hidalguía en la etapa final del Antiguo Régimen fue destacado por contemporáneos que conocían bien la situación económica y los hábitos sociales de los vinculeiros, caso del gran experto en archivística Froilán de Troche y Zúñiga, que en la década de 1830 les reprochaba precisamente el haber abandonado las aldeas, y en consecuencia el perder el contacto con los campesinos, mientras incrementaban, en cambio, los dispendios para seguir el ritmo de las modas: “vuestros abuelos vivían en sus casas de campo la mayor parte del año, y el haberos retirado hoy todos a las poblaciones [urbanas] (…) es porque vuestras mujeres e hijas no pueden ir al teatro porque no lo hay (…); si vivieseis en las aldeas habría seguramente médicos en ellas (…); habría menos ladrones (…); daríais impulso a la agricultura (…); socorreríais las necesidades de vuestros colonos (…); se harían más civilizados nuestros labradores”.La vida en los pazos rurales le parece a Troche más aconsejable y digna que la residencia en las ciudades y villas.

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